Redefinamos el "esfuerzo"

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Hay alumnos que  las dificultades que  encuentran en las asignaturas las convierten en retos a superar y desde luego esta es la mejor actitud posible, pero qué pasa con los estudiantes que se vienen abajo y empiezan a pensar que quizá ellos no estén preparados para afrontar tales dificultades.

La doctora Carol Dweck ha investigado  sobre este asunto y ha llegado a la importante conclusión de que si un alumno cree que puede mejorar tiene un efecto muy positivo en sus resultados académicos en un breve espacio de tiempo.

¿Por qué no sustituimos la calificación del fracaso mediante notas por enseñar a los alumnos a superarlo?

No hay nada más frustrante que poner a prueba nuestra inteligencia y fracasar, sobretodo si tenemos otras personas al lado que salvan sin dificultad el reto.

 

¿Pero y si no se trata ese instante como un fracaso sino como algo que está dentro de lo normal en un proceso de aprendizaje? Es una idea simple que debemos transmitir a los alumnos porque es totalmente cierta.


Sin embargo, ¿qué es lo que estamos haciendo ahora?

¿Qué reacción van a tener muchos estudiantes a los que se les está transmitiendo que no son válidos para superar una o varias asignaturas?

Puede haber casos de intento de superación pero en muchos otros será una reacción de supervivencia y esta a veces implica hacer trampa para conseguir un objetivo casi a cualquier precio recurriendo a las chuletas o a copiarse de otro estudiante.Otros tomarán el mensaje de que no son aptos para estudiar y como eso no es fácil de aceptar de uno mismo mejor dirán que no les gusta estudiar y  tenderán a "refugiarse" en la manada de colegas que son también no aptos. Y en este punto es donde va a ser más difícil que el alumno se esfuerce por cambiar su forma de enfrentarse al proceso de aprender.


El gran problema de esa manada, como de todas las manadas en las que a veces los seres humanos nos refugiamos, es que dejamos de tener otras referencias, y en este caso del que hablamos, los "malos estudiantes" que así de insensatamente son calificados por el sistema comienzan a perder las referencias y actitudes de los compañeros que sí van superando con éxito las materia. Las referencias que estos últimos pueden transmitir a los primeros son muy importantes ya que la mayoría de ellos no logran su éxito por una inteligencia muy superior a la media sino porque saben poner en práctica elementos que les ayudan y los de la manada desconocen.

Si en tu manada no hay buenos estudiantes te va a resultar más difícil superar las asignaturas.


Los buenos estudiantes:

  • Se fijan una rutina y una disciplina con las horas que tienen que dedicar al estudio, al ocio a sus amigos y a otras actividades.
  • Muchos practican un deporte porque les hace sentirse mucho mejor, no solo eso, el deporte mejora significativamente su rendimiento escolar.
  • Los buenos estudiantes transforman la información a veces tosca que reciben en clase en contenido más visual y sintetizado, para ello marcan con colores las ideas y resultados importantes y sintetizan la información relevante.
  • Además no tienen reparos en preguntar a sus profesores cuando no entienden algo o complementan su información en la fabulosa Internet.

La otra gran referencia es la familia.

Tener una buena referencia en la familia es sobre todo tener unos padres que se interesan por tus asignaturas, por tus profesores, por cómo te sientes en el colegio y que te preguntan por lo que más te gusta y lo que no de tus clases, y sobre todo que saben transmitirte que valoran tu esfuerzo y la alegría que esto les proporciona.


El profesor es un líder en su clase y un líder nunca abandona a nadie de su equipo.


 

El profesor debe elogiar y poner en valor el esfuerzo de cada uno de sus alumnos, su determinación y su progreso.

 

Cuando nos alaban la forma en la que hemos trabajado todos los seres humanos nos sentimos mucho más recompensados que si se valora el resultado alcanzado.



La doctora Carol Dweck y su equipo, tal y como cuenta en su charla en TED, transmitieron a los alumnos la idea de que cada vez que aprendían algo nuevo y difícil se hacían más inteligentes. Se les transmitió el principio de que es posible hacer crecer nuestra inteligencia y que es totalmente normal la sensación que tenemos de que nos cuesta cuando tenemos que asimilar nuevos contenidos. Esta experiencia que luego se ha extendido a miles de alumnos ha revertido la situación anterior donde la dificultad se transformaba en renuncia. Ahora se convierte en ganas de ser más inteligentes y los resultados obtenidos son fabulosos.


En definitiva niños y adolescentes tienen el derecho de que familia y sobre todo sus profesores consigan que no renuncien a hacer crecer sus habilidades. No hagamos que vean el esfuerzo como una barrera que tienen que superar con sufrimiento sino que es algo que forma parte de un proceso natural. Cuando corremos nos cansamos, sin embargo con algo de entrenamiento conseguimos correr grandes distancias.

 

Cuando entrenamos en algún deporte ya sabemos qué  cada hito que nos planteamos nos va a costar pero no nos retiramos porque los primeros días no lo consigamos ni se le ocurre a nadie ponernos una mala nota. Si alguna vez has comenzado a correr habrás visto que se pasa mal los primeros días pero enseguida nuestro cuerpo que tiene una fabulosa cualidad adaptativa se pone de nuestro lado.

 


En Smart tenemos algunas experiencias con este tipo de alumnos que llegan con un perfil asumido de ser un mal estudiante. No es difícil llegar a la conclusión de que esa categorización que hacen de sí mismos es porque se la han transmitido a partir de un curso escolar muchos profesores de su colegio y sus padres han terminado aceptando esa clasificación.

 

Cuando un profesor de Smart comienza a dar pequeñas píldoras de confianza a uno de estos alumnos elogiando por ejemplo cómo ahora es capaz de plantear el dibujo que esquematiza un enunciado de un problema, cuando le hace saber que valora mucho el que ya ponga las unidades en las magnitudes que calcula o que es genial que ahora le pregunte algunas dudas antes de comenzar la clase, se va generando un crecimiento exponencial de la confianza en el alumno y tiene un maravilloso efecto sobre la evolución del alumno. Esa confianza que el profesor va entregando se convierte en verdadera motivación porque a los alumnos, y a todo ser humano, nos encanta saber lo que somos capaces de llegar a aprender. 

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